24/6/11

Lágrimas de ángel.

Esa tardé veía la lluvia caer, las gotas golpeaban con sincronía la ventana y en el reflejo de cada una veía los ojos de mi ángel. La melancolía de no tenerlo a mi lado se incrementaba, con cada nueva gota maldecía yo a la muerte que me lo había arrebatado. La oscuridad invadía tanto la casa como mi alma y es que su aliento me hacía falta como el mismo aire que respiraba.

Y la lluvia caía y caía, y las nubes se arremolinabas sobre mi cabeza. Ni aún el cobijo de mi techo podía protegerme del frio que helaba mi cuerpo y mi alma. Sin su calor pronto mi corazón también se detendría congelado; Enfermedad o frio, de todas formas el corazón humano es demasiado débil.

Entonces la vi: una lágrima entre todas esas gotas de soledad; una lágrima que caía más lento y calculado, y brillaba de una forma pura e inmaculada. La lágrima hermosa de un ángel que caía frente a mi ventana. Salí a la noche y al frio. Aunque mi alma, ahora cálida por el encuentro, ni siquiera se inmutó.

Tomé esta lágrima, separándola del agua que le rodeaba pero que no podía mezclarse con ella. En mis manos sentí el calor que emanaba y que rápidamente me llenó. Lloré también al recordar que era ese mismo calor que él me transmitía cuando nos abrazábamos solos en las noches lluviosas como esta.

Mis lágrimas se mezclaron entonces con la lágrima de mi ángel, la luz y el calor que por si sola desprendía se incrementó, envolviéndome con toda su fuerza. Ya ni siquiera la lluvia parecía poder tocarme, cada uno de mis nervios sentía de nuevo su amor.

"Vive pequeña, yo aún estoy contigo pero de una forma inmaterial. Vive y disfruta lo que aún te falta y cuando llegue también tu momento, juntos nos iremos de aquí. Y estaremos unidos por toda la eternidad, como siempre lo prometimos, como ahora que sigo manteniendo esta promesa y como lo haremos algún día. Pero no permitas que la tristeza acabe con tu alma o no podremos irnos nunca. Vive por mi y por ti, y nos amaremos durante toda la eternidad."

El momento acabó y la lluvia volvió a azotar mi cuerpo, sin embargo la paz aún colmaba mi ser. Entré de nuevo a mi casa y me preparé para darme un baño caliente. Estaba dispuesta a hacer mi mejor trabajo para esperar el momento en el que ambos nos juntaríamos de nuevo; esta vez eternamente.

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